Estados Unidos atraviesa una de las temporadas de gripe más intensas de las últimas décadas. La actividad gripal alcanzó valores no registrados en los últimos 25 años, con la mayoría de los estados informando niveles altos o muy altos de circulación del virus.
Las consultas médicas por cuadros compatibles con influenza se ubican en su punto más elevado desde finales de la década de 1990. Actualmente, cerca del 8% de las visitas al médico corresponden a síntomas gripales.
En paralelo, la tasa acumulada de hospitalizaciones se posiciona entre las más altas observadas desde la temporada 2010-2011. Las estimaciones oficiales indican que alrededor de 11 millones de personas contrajeron gripe, con más de 120.000 internaciones y aproximadamente 5.000 fallecimientos asociados. Entre los casos más graves, se reportaron muertes pediátricas vinculadas a influenza durante la temporada en curso.
Un dato preocupante es la disminución en las tasas de vacunación antigripal, tanto en niños como en adultos, lo que podría contribuir a una mayor propagación y severidad de los cuadros.
Este contexto refuerza la importancia de la prevención, especialmente en personas con factores de riesgo y en quienes planean viajar a Estados Unidos durante la temporada de gripe.